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lunes, septiembre 19, 2011

POUL ANDERSON - La Gran Cruzada

Con las imágenes aún frescas en la retina de un decadente Harrison Ford reconvertido en azote de alienígenas en Cowboy & Aliens, la penúltima de las grandes producciones holiwoodiense, no he podido resistir la tentación de releer un viejo clásico de Poul Anderson que editó Miraguano hace ya unos años; la obra en cuestión es La gran cruzada (1960), lectura que recordaba como un entretenido pastiche a medio camino entre la novela caballeresca y la de ciencia ficción. Editado originalmente por entregas en la revista Amazing y nominada al Hugo de 1961 junto a obras de tanto renombre como Venus más X de T. Sturgeon, El mundo de la muerte de H. Harrison o la novela que a la postre resultaría ganadora, Cántico por Leibowitz de Walter M. Miller Jr.; Poul Anderson compitió dignamente con una obra que pone de manifiesto la gran imaginación que atesoraba, su sentido del humor, el conocimiento histórico que atesoraba y ponía al servicio de la incuestionable solvencia con la que defendía sus escritos, pese a lo bizarro de sus argumentos, como es el caso que nos ocupa.

En La Gran Cruzada se ejemplicca como la ciencia ficción ha bebido, con gran frecuencia, del formato policiaco o del western, con sus esquemas narrativos tan simples como eficaces, para llegar a un público amplio y poco exigente, sobre todo en una primera época en la que se aprovechaban las tramas más manidas de los géneros literarios populares, aunque escenificadas en ambientes más exóticos y futuristas. Pongamos como ejemplo la obra de Poul Anderson en la que en esta ocasión los malvados alienígenas tendrán como "compañeros" de reparto a toda una población de la Inglaterra medieval, que no dudaran en emprender una peculiar cruzada contra todo un imperio extraterrestre; espadas, flechas y caballos contra armas láser, bombas atómicas y naves que pueden viajar entre las estrellas a la velocidad de la luz.

Lo bizarro del planteamiento tiene como punto de partida la Inglaterra de 1345, justo en el preciso momento en el que Sir Roger, Baron de Tourneville, está reuniendo su mesnada con la intención de marchar junto a Eduardo III, enfrascado en plena Guerra de los Cien Años contra Francia. La imagen de caballeros y siervos preparando la empresa militar en los bucólicos parajes campestres de la pequeña población de Ansby, en Lincolnshire, se ve interrumpido por el aterrizaje de una enorme nave espacial procedente del imperio Wersgorix. Se trata de una nave de exploración que busca nuevos planetas que conquista, pero en esta ocasión no podrán cumplir su cometido al ser sorprendidos por el ardor de los ingleses, que en un plis-plas acaban con la expedición invasora a espadazo limpio. Sir Roger, hombre de gran valor pero de escasa inteligencia, tiene la intención de utilizar la nave capturada, de la que tan sólo ha sobrevivido un tripulante, para ayudar a su rey en su lucha con Francia y después marchar a Tierra Santa para liberarla de los infieles, para tal fin carga en la nave conquistada todos los habitantes del pueblo, animales incluidos, junto a caballeros y soldados, sin saber que esto es lo que quiere el alienígena prisionero. Cuando la nave se pone en marcha, y ante la sorpresa de todos, el alienígena pone rumbo hacia hacia uno de los planetas conquistados por los Wersgorinx con el fin de ser apresados y... ejecutados. Ni que decir tiene que las aviesas intenciones del prisionero no se ven satisfechas, revertiéndose de tal manera la situación que los aguerridos caballeros ingleses encadenan victoria tras victoria contra hasta el triunfo final.

El argumento parece de lo más simple, pero no se debe dejar pasar la inteligencia con que Anderson construye el relato gracias a sus conocimientos en historia medieval. En primer lugar, la narración la plantea como la lectura de un dietario escrito por un religioso que acompaña al Baron de Tourneville que es encontrado por una expedición procedente del planeta Tierra siglos después de que ocurrieran los acontecimientos narrados. El elemento metaficcional del libro dentro del libro sirve para que el autor pueda construir un relato en primera persona tal y como lo habría hecho un monje de la época con las escasos recursos literarios de los que disponía en el siglo XIV. Por esta razón, los hechos narrados no deben tomarse al pie de la letra, sino como parte de la hagiografía que canta las hazañas del Baron de Tourneville para ensalzar su figura, tal y como mandaban los cánones literarios de la época, además de incorporar en el relato el tópico cortés del fine’amor como recurso para explicar la relación incestuosa entre Lady Catherine, a esposa de Tournaville y uno de sus caballeros.

Resumiendo, la novela, a pesar de sus muchas deficiencias, debe ser leída como un divertimento sin más pretensiones que las de pasar un buen rato con la sucesión de aventuras que enlaza Anderson con su buen hacer, sin olvidar el punto de humor ácido con el que va trufando algunos de los momentos más delirantes de la novela. Sin duda es una pena hoy día no sea frecuente encontrar novelas con el espíritu meramente lúdico que encontramos en La Gran Cruzada, quizás Scalzi se acerca un tanto a éste ideal con sus últimas obras: El agente de las estrellas y El sueño del androide, pero es poco entre tanto buscador de trascendencia literaria.


jueves, septiembre 15, 2011

JOE HALDEMAN - Rumbo a Marte

Haldeman es un valor seguro. De ahí que no me ha resultado extraño que las  altas expectativas que tenía con Rumbo a Marte se hayan cumplido con creces, resultando una de las lecturas más agradables de los últimos tiempos. La esmerada revisión que hace Haldeman de las “novelas juveniles” del maestro Heinlein sorprende por la destreza con la que consigue recrear un modelo literario reconocible para los amantes del género de la ciencia ficción, pero sin llegar a caer en un ejercicio de travestismo que le reste al texto la propia personalidad del autor, reconocible por su tendencia hard  y por lo poco dado que es a especulaciones científicas de corte fantasioso, como eran las que, en la mayoría de ocasiones, se incluían en las obras para jóvenes de Heinlein.

Lo verdaderamente admirable de esta obra es como consigue Haldeman atrapar al lector gracias a una prosa tranquila, construida con frases cortas, sin recurrir a  complejas subordinaciones ni dejarse llevar por las estrategias textuales que puedan confundir al lector. La economía de recursos empleada en esta narración escrita en primera persona agiliza tremendamente la lectura, ayudada por la atracción mimética que desde la primera página se siente por la protagonista, Carmen Dula, una joven adolescente que tiene que dejarlo todo para acompañar a sus padres a Marte. La novela funciona también como el diario de una adolescente en pleno viaje iniciático hacia la madurez, al mismo tiempo que el texto se va constituyendo como una poderosa máquina de guiños literarios al lector habitual de ciencia ficción que, sin duda, encontrará un estimulo añadido gracias a la sensación de ir descubriendo entre las páginas de Rumbo a Marte a otros autores además de Heinlein, como pueden ser Clarke y Asimov, en un tour de force que emprende Haldeman con la intención de transportar a los lectores al corazón de la mejor ciencia ficción de la Edad de Oro, una difícil tarea que requiere de esfuerzo y habilidad pero que la pericia del autor hace que llegue a buen puerto, creando una obra que destila un gusto a clásico añejo, a los buenos tiempos de la ciencia ficción.

La novela en sí está estructurada en tres partes bien diferenciadas, herencia inevitable de haber sido editada en primer lugar como una novela por entregas en la revista Analog. El primer tercio de novela une la construcción de la identidad de la protagonista a través de su proceso mental mediante una crónica personal de carácter intimista en la cual la adolescente hace una detallada exposición de todas sus decepciones pasadas, que no son distintas a la de cualquier joven de ahora, con sus problemas en las relaciones humanas o en los estudios, la nula relación con sus padres y hermano o de la falta de motivación con la que emprende una nueva vida en un planeta en el que apenas viven un centenar de colonos; la falta de abstrusos monólogos interiores y de fábulas moralistas en esta fase de la narración hace que el lector trascienda la anécdota de la acción y la aventura y escoja al personaje como motor de la narración por encima de todo lo que supone el ascenso desde la Tierra hasta la estación orbital en la que espera la nave que los llevará hasta Marte. El viaje inicial se realiza por medio de un “ascensor”, similar al ideado por Clarke en Las fuentes del paraíso (1979), por cierto, la nave ha sido bautizada como John Carter, el héroe protagonista de la serie marciana escrita por Edgar Rice Burroughs, otro guiño a los grandes nombres del género. En esta parte de la narración aparece el Haldeman más hard al describir, de una manera tan simple como concisa, un programa espacial posible con una tecnología accesible en pocas décadas, con lo que esta visión realista de la “conquista del espacio” nos ayuda a imaginar cómo serán esas primeras experiencias y los problemas que ocasionarían la falta de gravedad y la radiación solar a la que obligatoriamente se verán expuestos los cosmonautas.

La segunda parte de la novela comienza con la llegada de Carmen a Marte después de seis meses de un duro viaje a gravedad cero en el que se han producido grandes cambios en la relación con su familia; además ha comenzado una relación sentimental con el piloto de la nave, diez años mayor que ella, lo que se traduce en el enfrentamiento de Carmen con la administradora de la colonia marciana, personaje típicamente “heinleniano” que viene a representar la opresión del estado sobre el individuo, el atentado a la libertad personal y demás fobias del maestro Heinlein. La dureza de la vida en la colonia, el aburrimiento de la monotonía y la constante persecución por parte de la administradora comienza a hacer mella en la joven, pero justo en el momento en el que la determinación de Carmen Dula comience a flaquear se produce el encuentro con los “marcianos”. El enigma sobre la raza de extraños seres que encuentran, los muchos enigmas que se plantean sobre ellos y las aventuras que viven los colonos marcianos dan paso a la tercera y última parte de la novela, que se inicia tras una elipsis temporal de varios años en los cuales Carmen ha terminado sus estudios universitarios, ha cuajado su relación con Paul, el piloto, y se ha convertido en la pieza clave en el proyecto de convivencia que se ha iniciado, junto a los recién encontrados marcianos, en la base orbital terrestre construida con la finalidad de que ambas razas lleguen a conocerse mejor. Carmen ha establecido una sólida relación de amistad con Rojo, el líder de los marcianos que le ha salvado la vida en dos ocasiones, con lo que se vuelve a reconstruir otro de los tópicos de las “novelas juveniles” de Heinlein: la amistad entre el joven protagonista y un alienígena bueno que en ocasiones actúa como mascota (cosas del antropocentrismo), recordemos por ejemplo los casos de Rebelión en el espacio (Red Planet), Hija de Marte (Podkayne of Mars) o Consigue un traje espacial: viajarás (Have space suit – will travel). En la estación orbital ocurren una serie de acontecimientos que parece indicar que los supuestos marcianos no son originarios de Marte, sino que han sido dejados allí por una inteligencia alienígena para controlar a los humanos y, si representan una amenaza, eliminarlos. Será aquí, al final de la novela cuando se le podrá achacar al autor algún pero a su obra por la rapidez, casi brusquedad con la que acaba la novela tras la  dejando muchos cabos sueltos todavía por resolver; por cierto, un final que se asemeja mucho al que Heinlein quería para Podkayne of Mars y que su editor le obligó a cambiar.

Rumbo a Marte (Marsbound) es la primera entrega de una trilogía que continuó con la aparición de Starbound (2010), en la que continúan las aventuras de Carmen Dula y de su ya marido, el piloto Paul Collins, embarcados en una misión que les llevará al lejano planeta de los Otros para evitar la destrucción de la humanidad. Con Rumbo a Marte se recupera el sabor de la ciencia ficción más tradicional y, sin duda, es una buena novela para que muchos jóvenes lectores se inicien en la ciencia ficción. Para finales del presente año está anunciada la aparición de la tercera entrega de la trilogía que llevará por título Earthbound.

martes, septiembre 13, 2011

ROBERT A. HEINLEIN - Rebelión en el espacio

Red Planet (1949), tercera de las denominadas “novelas juveniles” escritas por el maestro Robert A. Heinlein, no ha sido publicada nunca por una editorial española. La edición que se puede, o mejor dicho, se podía encontrar en castellano, la publicó la editorial argentina Acme en 1958 con el título de Rebelión en el espacio. No hay que ser una eminencia para adivinar la razón por la que ningún editor nacional de los años 50 hubiera osado publicar una novela con ese título. Y aunque se hubiera cambiado el título, difícilmente la censura del momento habría permitido que saliera a la luz una novelita en cuyo argumento unos chavales se rebelaban contra la tiranía del director de un internado que imponía su autoridad manu militari, habría sido suicida. Afortunadamente en la actualidad, gracias sobre todo a los nuevos lectores de libros digitales, podemos recuperar obras como la presente, en las cuales se encuentra todo el encanto de la ciencia ficción primigenia, cuando se colocaba la aventura por encima de la especulación cienctífica, todo al servicio del entretenimiento, aunque algunos elementos del escenario que nos presentaban los escritores del momento hoy día parecen notablemente desfasados.

Anteriormente, en la reseña que dediqué a Consigue un traje espacial: viajarás (1958), otra de las maravillosas “novelas juveniles” escritas por Heinlein entre 1948 y 1958, ya detallé algunas de las principales características que se aplican tanto a Heinlein como a estos escritos para jóvenes en particular. Recordemos que tienen en común una doble vertiente: por una parte la lúdica, que busca que el lector pase un buen rato leyendo una serie de aventuras que tienen como protagonista un joven adolescente en pleno proceso de madurez, mientras que por otra parte cumple con la intención didáctica de mostrar la ciencia como algo asequible y “divertido”; los más críticos con el maestro Heinlein le añadirían una tercera: la de proclama ultraderechista.  Y es que el escritor norteamericano y sus escritos no han terminado de quitarse una ¿merecida? fama de militarista y de amante del individualismo y la libre determinación llevados a su máximo exponente.

En Rebelión en el espacio, Heinlein presenta un futuro en el que los humanos han llegado a colonizar Marte, con los consiguientes problemas de nacionalismo que se genera en la sociedad marciana, deseosa de tomar sus propias decisiones sin que estas vengan dictadas por el gobierno de la Tierra. Junto a las reivindicaciones independentista que planean de manera permanente sobre el lector, podemos encontrar otros hilos argumentales de tipo costumbrista, como puede ser la descripción de la vida diaria de los colonos marcianos y de la descripción que el autor hace de un Marte habitado por plantas y seres supuestamente “inferiores” al hombre, y de unas milenarias ciudades en ruinas que nadie sabe a quién pertenecieron en un pasado remoto, lugares  en el que sus misteriosos habitantes construyeron unos enormes canales para llevar el agua a las zonas desérticas del planeta.

La acción toma prestada para sí misma buena parte de la de la historia de los EEUU: la dependencia política, económica y administrativa de la “metrópolis” por parte de los colonos; la usurpación que hacen los colonos de las tierras sagradas de los nativos marcianos, a los que consideran inferiores; el modelo de expansión y colonización que se hace en Marte, muy semejante a la fundación y expansión de los Estados Unidos por América del Norte, propia de la Doctrina del Destino Manifiesto, por la cual los EEUU están destinados a expandirse por todo el mundo (ahora otros planetas).

El lector va entrando poco a poco en contacto con el día a día de los colonos marcianos de la mano de Jim y Frank Marlowe, dos jóvenes que viajan a la capital marciana a estudiar en la Academia Lowell en régimen de internado. Los acompaña Willis, una mascota marciana de gran inteligencia, a pesar de su aspecto de bola peluda, que tiene una rara habilidad para grabar y reproducir los sonidos que se producen a su alrededor. Durante el viaje que los llevará desde su casa a la academia encuentran a Gekko, un nativo marciano del que se hacen amigos gracias a que éste les da agua, lo que equivale a un ceremonial que para los marcianos autóctonos equivale a ser “hermanos de agua”.

En la academia los chicos pronto chocarán con el director de la misma, el señor Howe, que llega a confiscarle a Willis alegando que a los alumnos les está prohibido tener mascotas. Frank y Jim consiguen rescatar su mascota del despacho del director y descubren, gracias a las habilidades memorísticas de Willis, como el director y el administrador de la colonia, el señor Beecher, planean impedir la emigración anual que realizan los colonos marcianos por motivos climatológicos, todo ello con tal de ahorrarle una importante cantidad de dinero a las arcas terrestres. Ante el peligro que encierra la prohibición para la vida de los colonos, los dos jóvenes deciden huir de la academia. Y es ahora cuando comienza la gran aventura de Jim y Frank que se verán obligados a atravesar varios miles de kilómetros de inhóspito suelo marciano para informar a los colonos de los planes del administrador. Como es habitual en las “novelas juveniles” de Heinlein, la superación de peligros y la toma de responsabilidades ayuda a sus protagonistas es el proceso iniciático que deben superar para llegar a convertirse en adultos; en esta ocasión, además de participar en una revolución con el fin de liberar a los colonos de la tiranía del gobierno terrestre, los jóvenes, descubren cómo funciona la civilización marciana y el importante papel que desempeña Willis en la misma.

Red Planet sirvió como referencia a Heinlein en una de sus obras más celebradas, como fue Forastero en tierra extraña (1961), en cuanto el ciclo de vida de los marcianos en ambas novelas es similar (no igual), además de compartir el hecho de la “hermandad de agua” y de la defensa de la libertad que se hace en ambas, sin olvidar Hija de Marte (Podkayne of Mars, 1963).  Otra influencia de esta obra la encontramos recientemente con la aparición en el panorama literario de la ciencia ficción en castellano Rumbo a Marte, obra de Joe Haldeman a la que se compara con las "novelas juveniles" de Heinlein en general y con Red Planet en particular. De ser así sería un merecido homenaje a un tipo de novelas que ha entretenido a varias generaciones de aficionados al género pese a que originalmente estaban concebidas por parte del editor como un entretenimiento para adolescentes. A pesar del lastre que supuso el continuo recorte que sufrían sus escritos por parte de la editorial, Heinlein supo crear un tipo de obras que no solamente contentaban a los más jóvenes, sino que atraían a los adultos.

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