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martes, abril 03, 2012

ROBERT A. HEINLEIN - El granjero de las estrellas

El granjero de las estrellas (1953), galardonada con el Retro Hugo 2001, es otra de las novelas juveniles escritas por Heinlein para la editorial estadounidense Scribner entre 1947 y 1958. Se trata de la sexta entrega de un total de doce historias protagonizadas por adolescentes, que tenían la finalidad de acercar la ciencia y la carrera por la conquista del espacio a las jóvenes generaciones de americanos nacidos en un momento histórico de plena confrontación con el bloque soviético. Pese a que el paso del tiempo ha mermado en parte la fuerza y la emoción que, con toda seguridad, trasmitía a sus imberbes destinatarios, todavía se puede percibir en cada nueva relectura cómo la maestría narrativa del maestro Heinlein sigue atrapando al lector desde las primeras páginas, algo difícil de encontrar en otras creaciones literarias de su misma época.

 En esta ocasión, Heinlein introduce a los Boy Scouts of America (BSA) en su serie de novelas, una popularísima organización juvenil que cuenta con millones de miembros en los Estados Unidos, el objetivo de la cual es la formación de los jóvenes en los valores de la ciudadanía y la responsabilidad, desarrollando su carácter y autosuficiencia al mismo tiempo que se integran con la naturaleza mediante diversas actividades de superación personal y convivencia con otros jóvenes de su edad. La afinidad de Heinlein con los Boy Scout, más allá de las ideas y valores de individualismo y ciudadanía antes comentados, comenzó cuando éste regreso de la Segunda Guerra Mundial y, ante el deseo de diversificar y ampliar su campo de actuación literario, colaboró con Boy's Life, la revista oficial de los Boy Scouts en Estados Unidos. De esta colaboración surgieron algunos relatos que tenían como protagonista principal a un joven boy scout, situando la acción en un escenario típico de la ciencia ficción, como por ejemplo la Luna o un recóndito lugar del Sistema Solar alejado del planeta Tierra, como por ejemplo en sus primeras obras Nunca pasa nada en la Luna (1949) o en Tenderfoot en el espacio (1958); aunque la más célebre simbiosis entre el género de la ciencia ficción y las aventuras de un joven boy scout se dio en la novela que nos ocupa, El granjero de las estrellas, o Farmer in the skay en su título original, publicada por primera vez por entregas en Boy's Life con el título de Satellite Scout entre agosto y noviembre de 1950.

Con su proverbial eficacia narrativa, Heinlein ambienta esta historia de superación personal en un contexto maltusiano de crisis alimentaria causada por la sobrepoblación que padece la Tierra. Empujados por la falta de perspectivas que ofrece la masificada sociedad terrestre, sostenida a duras penas por una estricta racionalización de los alimentos, el joven boy scout Bill Lermer junto a su padre,  Molly, la nueva esposa de éste y Peggy, la hija  fruto de un primer matrimonio de la madrasta del joven Bill, deciden embarcar en la  Mayflower con el fin de emigrar a la nueva colonia agrícola situada en Ganímedes, una de las lunas de Júpiter, en busca de un futuro mejor. Durante el largo y tedioso viaje, Bill traba amistad con otros chicos de su misms edad, algunos de ellos también adscritos al movimiento de Boys Scouts, decidiendo entre todos la formación de una división Ganímedes a su llegada a la colonia agrícola. Es en esta parte de la novela, la referida al viaje hacia la colonia, es cuando mejor se aprecia la intención de las novelas juveniles de Heinlein, dedicadas fundamentalmente a la divulgación científica entre los lectores más jóvenes (y la de los no tan jóvenes), y promover la carrera por las estrellas, un objetivo en el que los Estados Unidos tenían fijados buena parte de sus intereses económicos; de aquí el doble valor de estos escritos: la de captar vocaciones científicas y, por supuesto, la literaria.

A pesar de los muchos detractores de las mismas, las novelas juveniles de Heinlein,  por modestas que puedan parecer, rebosan de saber narrativo, de sólidos y bien aplicados conocimientos científicos y, como no podía ser de otro modo, de los valores éticos y morales que Heinlein asociaba con el pueblo norteamericano: valor, sacrificio, tenacidad y lealtad entre otros. Unos valores con los que se identificaban las nuevas generaciones de lectores adolescentes al encontrarlos en los personajes que protagonizaban las novelas de Heinlein, como por ejemplo el jóven Bill Lerner, de cuyo proceso de superación individual y de madurez somos privilegiados espectadores (lectores en este caso). Un proceso que resulta doloroso en la mayoría de momentos debido a los muchos obstáculos, en forma de pérdidas materiales y personales, que la vida le va colocando en su camino, pero que con la férrea determinación de los héroes típicos de Heinlein consigue superar hasta llegar a integrarse plenamente en la dura y hostil colonia agrícola de Ganímedes. Y es que nada parecía ser como le habían prometido a la familia del joven Bill:  la colonia no podía absorber a tantos colonos y las fincas que les habían prometido para ser cultivadas no existían, ni tan sólo el grupo de boy scout que formaron durante el viaje a Ganímedes tiene razón de ser, ya que en la colonia ya existía una División Ganímedes de jóvenes scout formado por los hijos de los pioneros que fundaron la colonia, a los que tendrán que integrarse como simples novatos.

La dificultad para sacar provecho de las áridas tierras de la colonia agrícola provoca el rechazo frontal de la mayoría de colonos más antiguos, que ven a los recién llegados como rivales y como una pesada carga que alimentar hasta que estos sean autosuficientes; a todas estas dificultades que tenían que capear los recién llegados, se unía el duro trabajo de construir un hogar en los yermos páramos de Ganímedes y de preparar el suelo para que pudiera ser cultivado, esto último mediante la pulverización de rocas provenientes de los flujos de lava con la que se obtenía un polvo orgánico ideal para plantar todo tipo de vegetales. Y todo este trabajo lo tenían que llevar a cabo sin maquinaria pesada, muy escasa en toda la colonia. De esta manera, Heinlein, con la escusa de escribir una novela de aventuras, realiza un estudio magníficamente detallado de los problemas tecnológicos y humanos que plantea la colonización interplanetaria, incluida la condición humana, que es la encargada de poner todo tipo de trabas en las relaciones entre las distintas familias de colonos y entre los propios miembros de las familias.

Ante tantas dificultades, muchos de los recién llegados optan por volverse a la Tierra en la misma nave que los ha traído, pero Bill y su familia se quedan. Aprenden todo lo que deben saber para sobrevivir y conseguir que la tierra sea productiva gracias a la ayuda de sus vecinos, unos prósperos granjeros que los acogen y alimentan mientras preparan sus tierras. Con el tiempo la familia de Bill consigue crear su propio hogar y hacer productivas las tierras que les habían sido asignadas, por desgracia, la mala fortuna se sigue cebando en ellos, esta vez en forma de un devastador terremoto producido por una rara alineación de las lujas de Júpiter. El fenómeo astronómico provoca la total destrucción de la colonia, ocasionando la muerte de buena parte de sus habitantes al quedar inutilizados los sistemas de soporte vital que generaban calor y energía a los colonos. El valor y la determinación de la familia de Bill se pondrán a prueba con la muerte de uno de sus miembros, la joven Peggy, pero será en estos duros momentos cuando salga a relucir todo su espíritu pionero, quedándose para reconstruir la destruida colonia agrícola.

La parte final de la novela, ya con la colonia en vías de recuperación, se centra en una expedición que realizan los jóvenes boy Scout por Ganímedes. Fruto de esta exploración encuentran una cueva con extraños artefactos de origen extraterrestre, entre ellos un vehículo con forma de ciempiés que, tras averiguar su funcionamiento, utilizan para rescatar a un compañero accidentado. Esta breve, aunque emocionante parte final, está poco desarrollada. Las evidencias de una civilización extraterrestre muy avanzada en Ganímedes, cuyos orígenes, según la datación de los objetos encontrados, se remontan a milenios antes de la llegada de los primeros colonos terrestres, no es aprovechada por Heinlein para introducir un elemento que enriquezca la trama.

Poco más puedo decir sobre El granjero de las estrellas, en lo relativo a su génesis y argumento; por lo que respecta a la edición que de esta novela ha realizado La Factoria de Ideas, os remito a la entrada que sobre la misma apareció hace un tiempo en Aburreovejas, en la que se detalla la cicatera política recaudatoria que viene efectuando esta editorial; en esta ocasión, el malestar que puede trasmitir a un futuro lector la adquisición de la novela de Heinlein es la relación precio final de la novela-número palabras. Con la mitad de páginas se podría haber editado perfectamente, pero no podrían haber cobrado los 20€ largos con los que penalizan a quien desee acercarse a este clásico de la ciencia ficción.
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